Tiempos de posverdades: de lo subjetivo a lo irracional

En este momento histórico está ganando terreno la subjetividad como fenómeno social y no sólo personal. Puede parecer inadecuado hablar de subjetividad social cuando el concepto “subjetivo” se refiere sobre todo a un fenómeno individual e interno. Pero no podemos concebir al ser humano aislado de su entorno social, por lo que todo lo que sucede en él influye en su medio y a su vez es influido por ese medio. Se trata entonces de ver la tendencia de conjuntos de individuos a dar un mayor peso a lo imaginado que a lo percibido, de forma que se van creando y comunicando socialmente relatos construidos desde múltiples subjetividades coincidentes que, vistos desde fuera, resultan no tener ningún soporte ni ninguna relación con el mundo de los objetos externos. Un ejemplo actual es lo que han llamado la “posverdad”, es decir, perspectivas o relatos construidos desde ciertas subjetividades, desde individuos o desde pequeños colectivos de poder, que buscan crear “realidades” sociales que coincidan con sus intereses particulares. La diferencia entre la posverdad y el subjetivismo es que la primera se crea de manera intencionada y calculada, mientras que el segundo es espontáneo.

Se puede decir que desde siempre se ha construido lo social y lo cultural desde la subjetividad humana, desde las múltiples perspectivas internas y particulares de las personas que, a medida que iban coincidiendo entre ellas al ser comunicadas, iban tomando carácter de “reales”. Ha sido precisamente la posibilidad de comunicar esos paisajes internos entre personas la que ha organizado esos relatos y los ha hecho comunes a los colectivos sociales, convirtiéndolos en referencias culturales, morales, etc. Basta que dos personas intercambien sobre algo comúnmente imaginado para que ese algo parezca cobrar cierta realidad externa. Si esa narración, además, es imaginada y compartida por cierto número de personas va a ser vivida por ese colectivo como la realidad misma de las cosas, aun cuando no haya ningún dato perceptual o externo que la corrobore.

Siglos atrás los relatos se compartían y se configuraban en zonas cercanas geográficamente, ya que las distancias a las que podían llegar eran limitadas. Con la aparición de la navegación aumentaron las distancias a las que llegaban los relatos pero el grado de influencia aún era muy reducido. Pero en este momento la comunicación entre personas y colectivos se ha multiplicado exponencialmente y además es posible hablar con cientos de personas a la vez que están en la otra cara del planeta en este mismo instante. Se pueden crear con gran facilidad pequeños o grandes grupos de intercambio sobre cualquier tema, teniendo la posibilidad de filtrar y seleccionar esos temas de intercambio. Basta darse un paseo por las redes para ver la enorme cantidad de grupos temáticos de discusión que hay, desde cuestiones artísticas hasta alimentarias, desde temas políticos hasta temas de ocio. Y en cada una de esas “subculturas” temáticas se crean e intercambian relatos, historias, narraciones, valores, sueños, temores y un sinfín de contenidos subjetivos e internos que se van independizando y van creando “realidades” virtuales que cuentan con un buen número de seguidores que confirman y alimentan a su vez esos relatos con los suyos en una realimentación continua.

Estas narraciones sociales se están alejando cada vez más del mundo externo, se están desconectando de la experiencia objetal, pero también se están alejando cada vez más entre sí. Cada vez los relatos sociales son más estancos e impermeables. Y por todo ello se convierten en epifenómenos sociales que crean la ilusión de “realidad” de esa construcción de origen subjetivo pero ampliamente compartida y realimentada en grandes redes de comunicación mundial debidamente estancas a las visiones diferentes.

Ante esta nueva situación no es de extrañar el aumento de todo tipo de irracionalismos que hacen huella en grandes capas de la población, ya que se han perdido las referencias objetales e internas que mantenían al pensar dentro de ciertos cauces. Ahora cualquier cosa es posible ya que la base en la que se apoya el pensar está mucho más alejada de la experiencia, desconectada del mundo y apoyada en relatos y narraciones subjetivas de todo tipo. En ocasiones esa distancia es intencionada e interesada, como ocurre en la política o en los medios de masas, pero en otras pasa totalmente inadvertida y se toman tales relatos como la realidad misma, aunque sólo “existan” en el interior de los grupos de referencia.

Este alejamiento se puede ver en múltiples situaciones en las que al oír el relato de situación de grupos sociales con los que no compartimos afinidades o ideologías nos inunda una sensación de incredulidad ante lo que oímos y nos decimos: ¿cómo es posible que digan esto? ¿Lo creerán así o lo dicen sabiendo que no es cierto? La sensación de incredulidad ante el relato ajeno nos sucede incluso en situaciones personales y cercanas, y creemos que ocurre cada vez con mayor frecuencia debido a este alejamiento entre relatos.

Desde antiguo se han creado mitos y leyendas que daban cuenta de fenómenos internos vividos por las sociedades, y desde antiguo se fueron fundiendo, y con-fundiendo, esas narraciones con “realidades” objetales externas en una especie de proyección ingenua de la mirada social. Nada de esto es nuevo ni exclusivo de esta época, pero en estos momentos ha tomado una gran fuerza este fenómeno de proyección, de externalización de los propios mitos, reforzado básicamente por la interconexión inmediata y simultánea de grandes grupos humanos que intercambian tales relatos.

No se trata de hacer una valoración a favor o en contra de todo esto. Estamos tratando de describir el fenómeno y comprender cómo funciona, ya que cualquier dinámica inidividual o social puede ser utilizada o puede darse en una dirección o en otra, para encerrar y cortar el futuro del ser humano o para liberarlo y cambiar el mundo en el que vive. Esta tendencia mundializadora de mitos y narraciones puede ser puesta al servicio de la paz y de la humanización del mundo. Ahora es posible crear una conciencia mundial sobre la necesidad de paz y de no-violencia. Depende de todos nosotros la dirección que vayan tomando los acontecimientos, pero las posibilidades ya están ahí.

Jordi Jiménez

Imágenes: 1.- webbingbcn.es  2.- www.starmedia.com  3.- conceptodefinicion.de  4.- Mundo Sin Guerras

 

Etiquetado , , .Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario