Situación actual catalana en 2013

La situación en 2012

En septiembre de 2012 se produce la primera manifestación masiva en Catalunya claramente posicionada a favor de un estado independiente, convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Es un punto de inflexión en el que se hace visible para todo el mundo que la opción de la Catalunya soberana ya se ha instalado de manera transversal en grandes capas de la población de muy distinto tipo, desde los más jóvenes radicales hasta los más mayores y tradicionales, pasando por todo tipo de familias medias, pequeños empresarios y profesionales de las más diversas ramas. Es el punto álgido de un proceso que se había ido gestando, entre otras cosas, con las consultas populares sobre la independencia organizadas por los ayuntamientos entre 2009 y 2011 (antes del fenómeno de las plazas del 15-M), y que sumaron más de 500 votaciones populares en toda Catalunya, y la manifestación de 2010 contra la sentencia del Constitucional.

Es en ese contexto cuando Convergència i Unió (CiU), partido que estaba gobernando con una mayoría suficiente, a finales de ese mismo septiembre, convoca unas nuevas elecciones al Parlament de Catalunya, apenas dos años después de haber alcanzado el poder en 2010. Y se presenta a estas elecciones adelantadas con una posición ya abiertamente favorable a la autodeterminación de Catalunya, una posición que se había ido destapando poco a poco. Con su viraje hacia la soberanía CiU espera, por un lado, obtener una mayoría casi absoluta en el nuevo Parlament que salga de estas elecciones adelantadas (convocadas para noviembre de 2012) y, por otro lado, quitar del foco de atención mediático sus políticas neoliberales de recortes y antisociales que le estaban costando movilizaciones y protestas constantes. Se suma a la ola social de la independencia con cálculo político, pero también por un factor importante en su compositiva: en los cuadros dirigentes actuales de CiU están los “hijos” de los políticos nacionalistas de la transición que son mucho más proclives a caminar decididamente en dirección a la soberanía nacional que sus padres, que fueron más pactistas y autonomistas. No hay que perder de vista el proceso interno de CiU ya que su apoyo a todo este proceso, ya sea por cálculo o convicción, es clave.

Así, en las elecciones del 25 de noviembre de 2012, CiU pierde 12 diputados de los 62 que tenía, mientras Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) dobla sus resultados anteriores: pasa de 10 a 21 diputados, quedando incluso por encima del Partido de los Socialistas de Catalunya, y entra en el Parlament una nueva formación independentista radical: la CUP. La jugada le sale totalmente al revés a CiU e inesperadamente bien a las fuerzas tradicionalmente posicionadas en la independencia.

Con su poder debilitado y prácticamente en manos de ERC, CiU tiene que componer un gobierno que se verá en situaciones muy difíciles de gestionar, ya que los recortes presupuestarios y las políticas neoliberales, tanto en la España del PP como en la Catalunya de CiU (en eso coinciden plenamente), están llevando a la ruina a muchas empresas, y al paro y a la pobreza a mucha gente. Y en cuanto al eje nacionalista, ERC es la opción independentista fuerte y “de toda la vida”, mientras que en CiU hay fuertes tensiones internas en sectores contrarios a este proceso, sobre todo en la cúpula de Unió.

A mediadios de diciembre de 2012, CiU y ERC pactan realizar una consulta sobre la independencia en el año 2014, pacto que permitirá a Artur Mas ser investido President con el apoyo de ERC y que supondrá un acuerdo de gobierno bastante más amplio entre ambos partidos. Las reacciones a este pacto en el resto de España no se hacen esperar. En diciembre de 2012 los medios de comunicación de la derecha más dura (en España se les llama la “caverna mediática”) presionan al gobierno de Rajoy con titulares, portadas y editoriales en los que se pide que se destituya a Artur Mas y que se suspenda la autonomía de Catalunya. Los comentaristas más extremistas ya hablan de sacar al ejército a la calle para restituir el orden y la ley, y Aznar habla de encarcelar al gobierno catalán. La Constitución española, que se redactó justo después del fin de la dictadura de Franco, mantuvo en su articulado varios elementos heredados de ese régimen y permite este tipo de respuestas para mantener la “unidad indisoluble” de la nación española.

Nos detenemos un momento para hacer una pequeña digresión sobre los partidos políticos catalanes. El proyecto de independencia para Catalunya polariza y obliga a posicionarse a todos los partidos políticos. Los partidos de los extremos del arco parlamentario catalán no tienen dificultades de definición, ya que sus posturas estaban muy claras previamente: por el lado de la independencia, ERC (líder: Oriol Junqueras) y las CUP (líder: David Fernández) candidatura joven que entra por primera vez en el Parlament radicalmente independentista; por el lado de la unidad de España y el centralismo, el PP (líder: Alicia Sánchez) y Ciutadans (líder: Albert Rivera) otro partido de reciente incorporación de perfil difuso pero escorado a la derecha. Es en las zonas políticas “centrales”, donde están los partidos de espectro más amplio, CiU (líder: Artur Mas), PSC (líder: Pere Navarro) e ICV (líder: Joan Herrera), donde hay fuertes tensiones internas en el seno de los mismos, tal y como hemos descrito en el caso de CiU. Recordar que CiU, de hecho, es una federación de dos partidos: Convergencia Democrática (Artur Mas) y Unió Democrática (Josep Antoni Duran i Lleida). Convergencia es claramente nacionalista mientras que Unió es más centralista y derechista. Pero el caso más claro es el del partido socialista (PSC), con una división clara entre catalanistas y centralistas. En Iniciativa-Verds (ICV, ex-comunistas) tampoco se definen claramente pero están más inclinados al lado catalanista. Tanto socialistas como ex-comunistas tienen la presión de sus partidos españoles, de los que forman parte, que se oponen claramente a un proceso de independencia. El conflicto interno está servido.

Con la llegada al poder del Partido Popular (PP) al gobierno de España en 2011, contando además con mayoría absoluta en el Congreso y el Senado, va quedando claro que en Madrid se ha instalado un poder extremadamente conservador de una derecha mucho más dura de lo que podía pensarse y que parece tener sus propios planes y su propia idea de lo que tiene que ser España (planes que desde luego no desvelaron antes de las elecciones españolas). Si en Catalunya ya había cierta sensación de fin de ciclo en las relaciones con España, gracias sobre todo a la impugnación del Tribunal Constitucional de algunos puntos clave del Estatut de Autonomia que se aprobó en el parlamento catalán en el 2005 (el recurso lo presentó el mismo PP), la entrada en el gobierno de Madrid y las políticas centralizadoras del único partido de la derecha española fueron el mejor combustible para acabar de inflamar un proceso soberanista que ya llevaba unos años cogiendo fuerza y que ahora ya se había introducido en grandes capas sociales.

En este año 2013 ya se habla abiertamente de que las políticas del PP en Madrid son la “mayor fábrica de independentistas” catalanes que hay.

Retomamos ahora el relato de lo sucedido entrando ya en el año 2013.

 

Lo más destacado de 2013

Enero:

Se aprueba la “declaración soberanista” en el Parlament de Catalunya apoyada por CiU, ERC, Iniciativa y las CUP (86 diputados) contra los 41 de PP, PSC i C’s. Se trata de una declaración en la que se proclama al pueblo catalán como “sujeto político y jurídico soberano” y reclama la celebración de una consulta para decidir su futuro político.
El gobierno de España, a través de su Presidente, afirma que esa declaración “no sirve para nada” y por tanto no piensa hacer nada al respecto.

Marzo:

El Gobierno español impugna ante el Tribunal Constitucional la declaración soberanista.
Durante ese mes de marzo hay reuniones “discretas” entre Rajoy y Mas para hablar del tema catalán.

Mayo:

Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que uno de cada tres catalanes está a favor de la independencia.
El Tribunal Constitucional admite a trámite la impugnación de la declaración de soberanía por lo que ésta queda anulada.
Izquierda Unida (IU), ex-comunistas de ámbito español, acepta la capacidad de los catalanes para decidir su futuro y apoya la consulta. En Catalunya se presenta a elecciones con ICV, que suscribió la declaración soberanista.

Junio:

El PSC no participará en el “Pacto por el Derecho a Decidir”. Este “Pacto” es un foro de partidos y entidades que promueve el Gobierno de la Generalitat para impulsar la celebración de una consulta de autodeterminación en Catalunya.
Se celebra el “Concert per la Llibertat” en el Camp Nou al que acuden unas 90.000 personas. La música en directo se mezcla con lecturas reivindicativas del proceso de independencia de escritores, poetas y personalidades de la cultura catalana.

Julio:

Los jóvenes de los partidos políticos catalanes consensúan un documento común sobre el derecho a decidir y la consulta de 2014, dando una lección a sus mayores de que los acuerdos son posibles.

Agosto:

Ya está en su fase final la preparación de la “Vía Catalana”, una cadena humana que quiere unir mano con mano todo el territorio catalán, desde la frontera francesa hasta el sur de Tarragona, y que organiza de nuevo la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Buscar emular a la cadena humana que se hizo en las repúblicas bálticas en 1989 cuando reclamaban su independencia de la URSS.

Septiembre:

La Via Catalana del 11 de septiembre es un éxito de participación, logrando llenar sobradamente los 480 km. de recorrido. Colaboraron más de 5000 voluntarios en la logística. Además, en las calles de Barcelona se manifestaron también varias decenas de miles de personas.
Ese mismo día, un grupo ultraderechista ataca el Centro Cultural Blanquerna en Madrid mientras se celebraba la Diada en su interior. Este lugar es considerado como una especia de “embajada” de la Generalitat de Catalunya en Madrid.
El jefe de gobierno de Letonia, una de las repúblicas bálticas independizadas de la URSS, responde en una entrevista que reconocería la independencia de Catalunya si se llegase a ésta a través de un proceso legítimo. El Ministro de Exteriores español llama de inmediato al embajador letón en España para pedirle explicaciones. A pesar de las presiones de Madrid, el primer ministro letón mantiene sus palabras.
Se acentúan las discusiones sobre si una Catalunya independiente se mantendría dentro de la Unión Europea o no. El vicepresidente de la Comisión Europea, el español Joaquín Almunia, es claro en su negativa a aceptar al nuevo estado.
En Catalunya, el gobierno de Artur Mas sigue afirmando que el nuevo estado se mantendría en el Euro y en la Unión porque a la UE no le interesa perder la potencia económica de Catalunya.
El ex-presidente español Felipe González afirma que la independencia de Catalunya es un objetivo imposible. En el PSOE se ve un intento forzado de abrir una opción federalista que, en el fondo, no tiene un apoyo total en el propio partido que defiende el estado de las autonomías actual.

Octubre:

Ante las dificultades para concretar una consulta legal sobre la independencia con el gobierno español, el President Mas recuerda que puede convocar unas elecciones en Catalunya de carácter plebiscitario, en las cuales los partidos políticos concurrirían con un único punto en sus programas: la independencia de Catalunya o el mantenimiento del actual estatus. Por supuesto, esta propuesta encuentra un claro rechazo en el resto de España.
El 12 de octubre se celebra el día de la Hispanidad en clave claramente anti-independentista, sobre todo en Barcelona. Los participantes reivindican la unidad de España convocados sobre todo por el PP y Ciutadans. El PSC no participa tampoco en esta convocatoria.
Este mismo día, en Barcelona, se convoca una manifestación ultraderechista en la que participan unas 300 personas.

Noviembre:

Continúa la presión desde el flanco internacional. El gobierno español insiste en que la independencia de un territorio lo excluiría de la UE.

Diciembre:

El día 12 de diciembre, y con cierta sopresa, se hace pública la fecha y la pregunta del referéndum sobre la independencia. Se ha llegado al acuerdo entre CiU, ERC, ICV y CUP. PSC queda fuera y, desde luego, los partidos conservadores PP y Ciutadans.
La respuesta del gobierno español se da esa misma tarde. Rajoy es contundente: esa consulta no se va a celebrar, es inconstitucional.
Ese mismo día había comenzado en Barcelona el Simposio “España contra Catalunya, una mirada histórica”, organizado por el Institut d’Estudis Catalans. Su director afirma que en él se demostrará científica e históricamente la animadversión incontestable de España hacia Catalunya. El título genera una fuerte polémica, pero es apoyado por miembros del gobierno de la Generalitat. Ambos gobiernos, catalán y español, se acusan mutuamente de manipulación de la historia.
Rajoy continúa con su labor de impedir la consulta soberanista y, más aún, el proceso hacia la independencia. Una de las claves para ello es cerrar las puertas al reconocimiento internacional del eventual estado catalán. En ese terreno se juegan muchas cosas y el gobierno español tiene ventaja. La mayoría de los países europeos apoyarán al Estado Español y a su unidad nacional por la sencilla razón que muchos de ellos también tienen o han tenido conflictos nacionalistas en sus propios estados. Apoyando la unidad de España, o impidiendo la soberanía de Catalunya, se guardan sus propias espaldas y ganan un aliado que les devolverá el favor en caso necesario (ver Eurominority). Este “intercambio de favores” tácito ya se ha visto en el caso de Inglaterra y Escocia. El Ministro de Exteriores español afirmó que España haría con Escocia lo que Inglaterra les dijese. Por el momento, en la Unión Europea se van oyendo cada vez más voces contra la anexión automática a Europa de un estado catalán que lo dejaría fuera hasta que, por unanimidad, el resto de miembros lo aceptaran de nuevo, unanimidad que no se va a dar, obviamente, si España se niega.
Ante una situación así, con Catalunya excluida del club europeo, las encuentas y sondeos auguran que los catalanes no tienen tan claro el tema de la independencia y en Madrid confían en que esto detendrá o desinflará el proceso de soberanía. Por otro lado, si este proceso siguiera avanzando a pesar de todo (convocatoria de elecciones plebiscitarias o declaración unilateral de independencia) se encontraría con un espacio internacional que no reconocería tal declaración, por lo que, a la práctica, no tendría muchos efectos.
Efectivamente, en Catalunya el gobierno y los partidarios del proceso siguen su camino. El 26 de diciembre se celebra el tradicional concierto de San Esteban en el Palau de la Música Catalana, en Barcelona. Este año el escenario y las gradas se han llenado de banderas “estelades” (símbolo del estado independiente) convirtiendo el concierto en un acto reivindicativo.

 

Con este acto final cerramos el resumen del año 2013 que deja la temperatura política bastante alta a pesar de los fríos invernales propios de estas fechas en el hemisferio norte. En general, el gobierno catalán y la sociedad civil catalana sólo pueden maniobrar y moverse en el terreno de lo simbólico, es decir, de la puesta en escena de voluntades y aspiraciones soberanistas con actos, cadenas humanas o conciertos, pero todo movimiento que tratan de hacer en el terreno concreto de las leyes, las resoluciones o los apoyos internacionales concretos al proyecto, es rápidamente cortado por el gobierno español a través de sus mecanismos legales y de la influencia política que tiene como estado europeo.

Veremos como va evolucionando este proceso y si finalmente se hará la famosa consulta en el año 2014 que empieza ahora.

Jordi Jiménez

Etiquetado , .Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario