El futuro como superador del sin-sentido

Una de las cualidades de nuestra conciencia es la de moverse por los tres tiempos con una gran flexibilidad de la que carece el tiempo físico del reloj, que siempre es secuencial y hacia adelante. Por ejemplo, podemos recordar lo que hicimos ayer, imaginar lo que haremos mañana y con todo ello modificar lo que estoy haciendo ahora. O bien, puedo hacer planes de futuro para evitar que me vuelva a pasar aquello que me ocurrió en el pasado, o al revés, para volver a repetir aquella magnífica experiencia que tuve. Incluso puedo modificar la interpretación que hice de mi pasado a la luz de un dato que acabo de obtener ahora, o porque me he propuesto (en el futuro inmediato) buscar la reconciliación con aquel pasado no resuelto.

Esta capacidad para moverse por los tres tiempos de conciencia independientemente del tiempo lineal del reloj es algo muy común y cotidiano que cualquier persona puede comprobar fácilmente. Se trata de una capacidad fundamental y común a toda conciencia humana. Hoy nos detendremos en un tema relacionado con los tiempos de conciencia: qué ocurre en el psiquismo cuando se cierra el futuro, cuando no se ve futuro o cuando el futuro es muy corto.

Aunque la conciencia se mueve por los tres tiempos, cuando se ejecuta una acción en el mundo, cuando se realiza una conducta cualquiera, ésta sólo puede ir hacia el futuro, hacia aquello que todavía no se ha hecho. Y previamente a la acción, la conciencia la ha tenido que representar, imaginar, ese futuro inmediato.

En otro lugar explicamos el mecanismo básico de las imágenes mentales y cómo éstas se transforman en actividad en el mundo. Pero ahora nos centraremos en el tema del futuro. Desde el punto de vista de los tiempos de conciencia, el futuro es la posibilidad de movilizar una acción en el mundo (externo o interno), es todo aquello que aún no se ha dado o no se ha hecho en adelante y que puede ser imaginado o representado por la conciencia.

Entonces, ¿qué ocurre si no somos capaces de imaginar una situación futura o un futuro en general para nosotros (ya sea hoy o en los próximos días o en las próximas semanas)? Sin imágenes de futuro no puede haber acción. Si el futuro se cierra en la conciencia, si no se ven opciones, ésta se oscurece y la actividad hacia el mundo se va apagando. Si tratamos de recordar los momentos más tristes de nuestra vida, los más oscuros, veremos que todos ellos tenían algo en común: se nos había cerrado el futuro. Podemos sentir eso de muchas maneras: las situaciones que vivo no tienen solución, no hay salida, no se puede hacer nada, o no puedo solucionar aquella situación, o no confío en los demás, la gente no va a responder, no confío tampoco en mí mismo, en mis posibilidades, etc., pero en todas estas formas el futuro está cerrado.

Por supuesto, todo esta situación oscura fue imaginaria en aquellos momentos, es decir, simplemente imaginaba que no iban a salir las cosas o que no había salida, pero nada de ello se había producido aún. Luego las cosas salieron de una forma u otra, pero en aquél momento no lo sabíamos (el futuro, por definición, es imaginario). Así que todo eso que imaginaba entonces era algo que estaba en el futuro de mi conciencia. Eran imágenes de futuro que oscurecían ese futuro, lo cerraban, poniendo el NO en todo lo imaginado. ¿Cómo es posible que la conciencia humana, con su capacidad para crear futuros y llevarlos a la práctica, elabore imágenes que cierran ese futuro y lo niegan? Sin embargo, este es el punto que hay que destacar precisamente porque al ser un fenómeno interno es posible modificarlo.

Por el contrario, si tratamos de recordar los mejores momentos de nuestra vida, los más luminosos y alegres, veremos que en todos ellos el futuro estaba abierto. Las cosas se podían hacer, eran fáciles, no había dificultades insuperables, confiaba totalmente en la gente cercana y en mis capacidades para ir adelante, todo era posible. Claro, todo eso fue igual de imaginario en aquellos momentos previos, al igual que en el caso anterior, y no importa cómo resultaron las cosas después. Toda esa visión positiva estaba igualmente en el futuro de mi conciencia, pero en este caso abriendo ese futuro y haciéndome sentir libre y alegre.

De esta forma sencilla he comprobado que, cuando siento al futuro abierto y sin límites, aparecen los mejores sentimientos de felicidad y alegría, mientras que cuando he sentido al futuro cerrado y limitado, han aparecido las experiencias de mayor sufrimiento e infelicidad.

Photo by Marc-Olivier Jodoin on Unsplash

Marc-Olivier Jodoin

La muerte como cierre del futuro

Viendo cómo actúan las posibilidades de futuro en nosotros y qué tipo de experiencias se producen en función de ello, ¿qué ocurre con la vida como conjunto si creemos con certeza absoluta que la vida se acaba con la muerte y que después de ella no hay absolutamente nada?

Aunque sea algo lejano en el tiempo para las personas más jóvenes, la amenaza de la muerte aparece de vez en cuando al observar cómo algunos familiares, o gente cercana (o no tan cercana) van muriendo a nuestro alrededor. Esos acontecimientos desgraciados nos sacan de nuestro olvido y nos recuerdan que esta vida tiene un fin. Como hemos visto antes, la imagen de un futuro cerrado, sin salida, nos despierta sentimientos oscuros y sufrientes, por lo que tratamos de acercarnos lo menos posible a esos acontecimientos tristes y apartar la imagen de la muerte para volver a nuestras actividades cotidianas tan reconfortantes para nuestro olvido.

Pero el olvido y las actividades diarias son siempre transitorias, mientras que la muerte permanece ahí delante, en el futuro, como si fuese el cierre definitivo de todo, dejando en nosotros un fondo sutil de oscuridad y tristeza, tal vez lejano, pero que está actuando en nuestra conciencia y desde ahí en nuestra vida. En tal situación, la vida no tiene mucho sentido. No importará demasiado si hago unas cosas u otras, más allá del bienestar inmediato que me produzcan o del bienestar inmediato que produzcan a mi gente cercana. Todo se hará con un alcance temporal limitado, ya que no hay una dirección, un sentido, que me permita ir más allá de los límites que impone esta vida.

La trascendencia como apertura definitiva del futuro

¿Qué ocurriría, sin embargo, si creyéramos con total certeza que la vida continúa después de la muerte? ¿Y si además de creerlo tuviéramos una experiencia profunda que nos indicara que es así? Si eso fuera posible, sin duda que la conciencia se liberaría del encierro del sin-sentido, se le abriría el futuro totalmente, desaparecería ese fondo oscuro y la conciencia se iluminaría ante un camino que no tiene fin. Tal y como hemos visto, el futuro abierto se relaciona con estas experiencias y al romper esa última frontera la conciencia se libera definitivamente.

Todo lo que se haría en esta vida cobraría sentido nuevamente, ya no sería indiferente. La vida podría ir en una dirección concreta, hacia una puerta que se abre a un nuevo mundo lleno de futuro y posibilidades. Cualquier situación y proyecto podría ser reconsiderado bajo la perspectiva de que las cosas y la vida no se acaban con la muerte, sino que continúan en un futuro abierto.

Por tanto, podemos decir que la creencia en la trascendencia, en la vida después de la muerte, es útil para la vida y para la conciencia, ya que abriendo el futuro rompe las cadenas del sufrimiento y del No. La pregunta que surge ahora es cómo hacer eso, cómo lograr creer en la trascendencia o bien tener una experiencia significativa de ella.

Existe la posibilidad de modificar nuestras creencias y de ponerlas al servicio de la vida y de la felicidad. Se puede elegir lo que uno quiere creer, ya que, en realidad, no sabemos qué viene después y no sabemos cómo será el futuro porque ya hemos visto que todo futuro es imaginado. Así que, ¿por qué no imaginar y actuar en dirección a aquello que nos puede liberar ahora?

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